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Nueva ponencia con Quim Brugué

En el día de ayer se llevó a cabo la última cena debate de este ciclo, con la participación del catedrático Quim Brugué, de la UdG. El planteamiento giró en torno a ¿Ciudadanos o súbditos, usuarios o clientes?

La política vive momentos de descrédito, justo ahora, cuando más la necesitamos. Con esta premisa, el autor reclama –a contracorriente– que no se utilice ese descrédito para destruirla sino para reformarla y dignificarla. La destrucción de la política, principal fuerza civilizadora de nuestro mundo, sólo puede conducirnos a una nueva barbarie. Es posible que esta situación convenga a algunos sectores, pero la mayoría de ciudadanos –las personas que no forman parte de estos sectores privilegiados– deberían coincidir en la defensa de la política; la buena política, por supuesto, aquella que nos ha permitido y nos permitirá convivir y lograr una existencia plena, tema de fondo de su libro Es la Política, Idiotas.

Con un nutrido grupo de asistentes se produjo un enriquecedor debate. que fue moderado por el, presidente de Liber Cogitatio el Dr. Andrés Cascio

Miguel Morayta (1834-1917)

El siglo XIX tuvo, también en nuestro país, rostros ilustrados, democráticos y constitucionalistas.

Uno de los muchos males que nos aquejan es el desinterés y la ausencia de conocimiento de nuestra historia, sobre todo la del siglo XIX, que debería sernos tan útil para descifrar nuestro presente. Este hándicap es más grave de lo que parece. La falta de memoria nos hace vagar en una nebulosa. Quizás, por eso, se sustituye tan a la ligera un relato histórico, veraz, crítico y solvente… por ocurrencias, interpretaciones interesadas tan falaces y faltas de rigor como repletas de dogmas.

Hay motivos más que suficientes para interesarnos por esos hombres y mujeres que, desde las Cortes de Cádiz, dedicaron su inteligencia y sus mejores esfuerzos a modernizar el país, a democratizar sus instituciones… y frente a tanto oscurantismo, conectarlo con las corrientes políticas y culturales de los países europeos de nuestro entorno.

Probablemente, pocos lectores sabrán quien fue Miguel Morayta. En buena medida, no es culpa suya. Sobre estos hombres y mujeres ha caído una pesada losa de silencio que los mantiene injustamente en el olvido. Sufrieron múltiples zozobras y vieron su vida y su libertad amenazadas, sin embargo, gozaron de un carisma y de un talante emprendedor y contagioso, eran reflexivos, tenían inquietudes filosóficas y aprendieron a encajar los golpes adversos, con serenidad.

Miguel Morayta como iremos desgranando, fue un político y escritor, un catedrático que en sus textos dio una interpretación de la historia de España liberal y racionalista, un republicano convencido y convincente y un masón destacado.

Obvio es señalar que sobre la masonería se acostumbra a pasar como de puntillas o, lo que es peor, la mención se resuelve con unas cuantas descalificaciones, algunas de grueso calibre. Baste recordar el latiguillo ‘la conjura judeo-masónica-liberal’.

Despierta poco interés la Revolución del 68 que, sin embargo, fue un intento de dar un giro significativo a la historia de nuestro país y que de haber triunfado y perdurado en el tiempo sus efectos, los acontecimientos probablemente, hubieran discurrido de una forma bien distinta a como transcurrieron.

Miguel Morayta participó activamente en ella. Fue diputado en diversas ocasiones y defendió los valores republicanos que habían contribuido al progreso de varios países de nuestro entorno. Es uno de esos hombres que aportan luz a la existencia. Creía en el imperativo categórico kantiano, quizás por eso, se negaba a cualquier forma de camuflaje y se le puede considerar, sin exageración, como arquetipo de resiliencia y de fortaleza interior.

No es difícil imaginárselo durante alguno de los malos momentos de la Restauración, disertando con valentía, sobre la libertad de cátedra que, como en tantas otras ocasiones, tenía que defender de los ataques reaccionarios y fundamentalistas de un tradicionalismo trasnochado.

En modo alguno, era un iluso. Tenía una brújula interior que lo guiaba y una capacidad de comprender y orientarse ante los hechos, fueran estos favorables o adversos.

Era optimista, mas prudente. Por eso, obraba con inteligencia y cautela sabiendo que los azares del futuro… en buena medida son imprevisibles. Su verbo era flexible y certero. Intuyó que quienes hablaban de seguridad lo que buscaban en realidad era achicar el espacio de la libertad.

El camino que recorrió era difícilmente transitable, además tuvo que soportar y conllevar algunos compañeros de viaje poco fiables. Supo entrever sagazmente que la inseguridad es un terreno resbaladizo que engendra más y más posibilidades para el autoritarismo.

Los seres humanos nos mostramos, la mayoría de las veces, vulnerables ante las amenazas. A lo largo de su vida demostró que daba su apoyo y se comprometía con lo que hace la vida, digna de ser vivida.

En todas las épocas las alienaciones han constituido un instrumento de dominio, mas en las sociedades cerradas –y cuanto más cerradas, peor- quienes las promueven las han acabado convirtiendo en el espejo de Narciso que terminaba engullendo a quienes se veían reflejados en sus aguas. Miguel Morayta por el contrario creyó con pasión en las posibilidades humanas de influir en la marcha de las circunstancias.

Para personalidades como la suya, llevar a cabo una labor pedagógica y seminal, formaba parte de las obligaciones que se auto imponía. Sus artículos y colaboraciones aparecían en publicaciones como La República Ibérica, La Reforma o El Popular de Málaga.

Se mostró muy activo durante el Sexenio Democrático. En esos años fue diputado por Loja (Granada). Durante la Restauración continuó siendo combativo y fue, también, parlamentario por Valencia y finalmente por Madrid, sin renunciar nunca a sus principios y valores republicanos.

Conviene poner de manifiesto algunas cuestiones que ayudarán a formarse una idea más completa de Miguel Morayta. Fue, sin la menor duda, anticlerical y masón, mas nunca ‘comecuras’. Admiró a Emilio Castelar y durante la I República fue secretario general del Ministerio de Estado. En cuanto a su vinculación con la masonería, llegó a alcanzar el Grado 33 y llevó a cabo una labor intensa de unir las diferentes logias masónicas. Sus restos yacen en el cementerio civil de Madrid.

Durante el siglo XIX vivieron en nuestro país una serie de hombres íntegros que hicieron lo posible porque evolucionara hacia el pensamiento, la ciencia, la cultura, el laicismo y las instituciones públicas democráticas. Mi padre solía repetir una frase de Fernando de los Ríos:”En España la única revolución pendiente, es el respeto”, no le faltaba razón.

La de Morayta era una mirada limpia, serena. Se advierte en ella lo resolutivo y persistente de su carácter. Tenía sentido del humor. Estoy convencido -la vida, me da cada vez nuevas razones para ello-, que la ironía es la mejor arma para protegerse de las creencias ciegas.

Pensaba que la libertad era, las más de las veces, la capacidad que tenemos para pensar por nosotros mismos. Acudía con frecuencia, tanto en sus escritos como en su conversación, a expresarse de forma pedagógica. La labor pedagógica bien entendida, no es otra cosa que un intento de conducir la curiosidad intelectual hacia el conocimiento.

En cuantas tareas desempeñó dejó tras de sí sobradas pruebas de su elocuencia, inteligencia e incorruptibilidad. Solía seguir el camino que le marcaba su brújula interior y, las más de las veces, no se equivocaba. Quizás una de sus preocupaciones esenciales era profundizar en la condición humana.

Estudió en la Universidad Central, derecho y filosofía. Una prueba más de su curiosidad intelectual es que se doctoró con un texto brillante y lleno de erudición, más también, afán por comprender el legado del Renacimiento, que lleva por título Petrarca en sus relaciones con el arte moderno.

Dice mucho de un hombre, con preocupaciones históricas, los temas por los que se interesa y que trata. Escribió un ensayo histórico, político y social sobre la Comuna de París. Otra de sus aportaciones, más que interesante, es una Historia de la Grecia Antigua. Como ya hemos apuntado, anteriormente, trató en varias ocasiones sobre la libertad de cátedra, porque cuando esta libertad está en peligro… también lo están otras. De especial interés, me parece, su obra Las constituyentes de la República española, que publicó en Paris en 1907 y donde expone sus ideas y experiencias sobre la I República, interpretando los hechos con agudeza y objetividad pese a haberlos vivido, lo que siempre se presta a un cierto subjetivismo. Escribió mucho más, pero valgan las obras enumeradas, para que nos hagamos una idea de que no debe pasarse a la ligera por este historiador, político y escritor.

Otra de sus características es que se mostraba, con firmeza y lealtad, amigo de sus amigos. Lo fue de Emilio Castelar, sobre quien escribió un libro poco conocido, ya que termina justo donde empiezan otros, dedicado a comentar la vida de estudiante del IV Presidente de la I República y sus primeros pasos en política. Igualmente, se relacionó con el federalista Francisco Pi y Margall, juntos pusieron en marcha la revista La Razón, un más que interesante proyecto que no duró demasiado.

Con lo anteriormente expuesto, no debe extrañarnos que cuando el Marqués de Zafra cesó a Castelar junto con Nicolás Salmerón y otros, Miguel Morayta dimitió en señal de protesta.

Su actitud valiente y decidida le acarreó no pocos disgustos. La coherencia y la firmeza en los valores, nunca están bien vistos por los fundamentalismos. Cuando Manuel Orovio, ministro de Fomento, mediante un Decreto quiso supervisar los libros y programas universitarios, nuevamente se puso en contra de esta forma burda de censura. Pocas veces se han pronunciado unas palabras tan contundentes y memorables sobre la libertad de cátedra como las siguientes: ’el profesor en su cátedra es libre, absolutamente libre, sin más limitación que su prudencia’

Este rasgo democrático le acarreó la protesta de los obispos y la excomunión. Animo al lector a que lea este discurso ya que es accesible y, demuestra bien a las claras, el temperamento, el valor y los valores republicanos de Miguel Morayta. Otro rasgo de valentía de los muchos que realizó, fue su defensa de los filipinos, por la que numerosos diputados pretendieron expulsarlo del Parlamento.

Algunas veces, se ha dicho de él que fue un hombre prometeico. Coincido plenamente. A lo largo de su vida fue pródigo en regalar el fuego del conocimiento a sus conciudadanos, aunque con escaso éxito.

Su existencia estuvo guiada por un sentido de la justicia y por un concepto exigente de la moralidad. Creyó con firmeza en la democracia, mas en una democracia ilustrada. De una forma u otra, la herencia de la Ilustración está presente en el mejor liberalismo español. Se esforzaba por tender puentes de convivencia y porque la sociedad civil tomara conciencia de sus derechos y deberes y adquiriera un mayor protagonismo.

Para él –y lo señala repetidamente en sus textos- el individuo debe estar al servicio de la sociedad. De ahí que sea tan necesaria la educación en los valores democráticos.

En numerosas ocasiones criticó certeramente el peligro de un individualismo insolidario, en virtud del cual ciudadanos presuntamente valiosos, abdicaban de sus deberes y se despreocupaban de la vida pública. Morayta los consideraba carentes de nervio, superficiales y mezquinos.

Los problemas que plantea la realidad, en cada momento y circunstancia histórica, estamos obligados a intentar resolverlos –o al menos a no empeorarlos- por ineptitud o intereses espurios.

Como historiador pensaba que la sociedad está ahí para indagar sobre ella y, en el mejor de los casos, aprender a transitar el difícil camino que va de lo cuantitativo a lo cualitativo. Probablemente, la verdad es inalcanzable… más hay que verla como meta suprema del conocimiento.

Con estas premisas no puede extrañarnos que combatiera, con rigor, la arbitrariedad, la corrupción y el oportunismo.

Hizo cuanto pudo por ayudar a extender los valores republicanos. La virtud individual es apreciable, mas resulta alicorta e insuficiente, si no se compromete a mejorar el cuerpo social.

Finalizo aquí estas reflexiones sobre Miguel Morayta. A través de su figura y su ejemplo, creo que pueden rescatarse una forma de entender el compromiso político, los valores republicanos y la herencia de la Ilustración en determinados momentos claves del controvertido y, con autosuficiencia, ignorado y despreciado por muchos siglo XIX.

El librepensamiento, eje vertebrador de una sociedad más fraterna e igualitaria

El pensamiento equidistante entre cualquier tipo de creencias, desde el respeto, la libertad de conciencia y la laicidad, constituye el principio liberador de los seres humanos de cualquier forma de intento de dominación ideológica o por parte de un dogma o una creencia en particular. El pensamiento libre constituye una manera de pensar, al margen de cualquier intención de manipulación, condicionamiento, influenciación o adoctrinamiento y se asienta en las posiciones referentes a la verdad que debe formarse sobre la base de la lógica, la razón y el empirismo.

El próximo día 20 de septiembre se celebra en todo el mundo, el día internacional del librepensamiento, como un homenaje a los hombres y mujeres combatientes de la libertad, la igualdad, en todas sus dimensiones y alcances y de la fraternidad entre todos los seres humanos y los pueblos, independientemente de sus creencias, costumbres y/o concepción política.

La búsqueda de la verdad ha sido desde siempre, la inquietud esencial de los seres humanos, ello impulsó múltiples concepciones filosóficas, generó dogmas, historias y leyendas, que inspiraron las distintas creencias religiosas o concepciones místicas.

La incógnita del origen, del origen del todo, del universo; la incógnita del destino después de la muerte, la imposibilidad de admitir que el corto y doloroso tránsito por la vida es finito, el cuestionamiento de la existencia de Dios, de los Dioses, del Demiurgo, el posicionamiento dogmático de la creencia incuestionable basada en la fe de un algo superior, ulterior o de un gran arquitecto del universo alrededor del cual se fueron tejiendo historias y leyendas, que constituyeron el corpus dogmático de las religiones; y junto a esas preguntas que forman parte de la constante intriga del ser humano, fueron apareciendo otras dudas, como ¿Qué es el amor?, ¿Cuál es el objetivo de la vida?. Todos y cada uno de estos interrogantes, pensamientos y análisis, tal vez, filosóficos que han dado lugar a aflorar, doctrinas, dogmas, ideologías y múltiples formas de pensamientos cerrados que se apropian de una verdad incuestionable, donde no tienen cabida, los que piensan diferente, los que creen en otros principios, o adoptan otras costumbres o se rigen por otras creencias.

Según un estudio de Pew Research Center de 2017, en torno al 77% de la población mundial practica alguna de religión, de las que podríamos llamar, mayoritarias el 31% el cristianismo, el 24% el islam, el 15% el hinduismo o el 7% el budismo, lo que viene a significar en términos absolutos que, de los 7.700 millones de habitantes del planeta, casi 6.000 millones profesan alguna de estas religiones mayoritarias, pero es justo mencionar que de ese 31% de cristianos, se encuentran repartidos entre católicos, cristianos ortodoxos, distintas confesiones protestantes, los coptos, siriacos, nestorianos, etc. y del 24% de los que practican el Islam, debemos mencionar sus distintas adscripciones, muchas veces enfrentadas, los chiitas, sufíes, sunníes, alevís, alauitas, etc. A estas cifras hay que añadir, las religiones minoritarias, algunas sectas como la cienciología, la secta ovni y muchas más; de todo ello podría deducirse que una amplia mayoría de los habitantes del planeta, son creyentes, sin embargo desde el máximo respeto de los unos a los otros y desde la tolerancia y la laicidad, se puede concebir una fraternidad universal y trabajar para la búsqueda incesante de la verdad y para el progreso de la humanidad. –

Acuden a mi mente, mil preguntas y la sangre que agita mi pulso, me sacude en la angustia existencial, y acudo entonces a la razón empírica para intentar desgranar, por medio de la reflexión y el análisis, algún camino que pueda aproximarme a la verdad, a mi propia verdad y en ningún caso única y dominadora y para ello recurro al pensamiento libre, para que con independencia absoluta de otros pensamientos, pueda permitirme escudriñar por mí mismo, el secreto de la existencia del todo, frente a la nada.

El término “librepensadores” (Freethinkers) ha sido utilizado en relación con algunos pensadores ingleses en torno a los siglos XVII y XVIII, pero también filósofos o estudiosos de otros espacios europeos. Los rasgos más característicos y sobresalientes de dicho pensamiento consisten, precisamente, en la defensa de la tolerancia religiosa, la adopción del racionalismo, y de una concepción religiosa natural y racional, allí cabría en este punto, tal vez, destacar la filosofía que expresó Baruch Spinoza.

El conocimiento verdadero exige la intervención de la razón como facultad, apartándose de cualquier especulación o relato no fundado en el conocimiento.

John Toland, discípulo Locke, fue el primero (o uno de los primeros) en ser llamado freethinker (librepensador). Criticó duramente a las instituciones estatales y a las jerarquías eclesiásticas en célebres obras como Christianity Not Mysterious. Toland fue uno de los deístas más notables y defendió las características racionales de la religión natural frente a la ininteligibilidad de los misterios sobrenaturales. Su racionalismo naturalista desembocó en un culto a lo natural ligado a la fraternidad 1.

Cuando nos referimos al librepensamiento, hay que destacar el empleo de la expresión “libre examen” que tiene su origen en los padres de la Reforma protestante (Álvarez Lázaro 1986), es decir, que se fragua en relación con la temática religiosa.

Para el catolicismo, el libre examen supone una desviación que lleva a un distanciamiento del realismo de la tradicional Adaequatio rei et intellectus, que en el ámbito moral implicaría un abandono de la ley natural. (Álvarez Lázaro 1986)

Si partimos de la Ilustración, veremos la inexorable asociación con el librepensamiento, donde sobresalieron pensadores como Denis Diderot, Jean le Rond d’Alembert, Voltaire, Montesquieu, Jean-Jacques Rousseau, Nicolas de Condorcet, Étienne Bonnot de Condillac, Turgot, Helvétius, etc., cuya defensa de la razón y el análisis a través del conocimiento, pone de manifiesto que dicho movimiento estaba basado en el uso de la razón y la lógica como medio de conocimiento y ello de alguna manera, constituye el sustrato del pensamiento libre.

La Enciclopedia dirigida por Diderot y d’Alembert fue un ambicioso proyecto que se convirtió en un símbolo de la Ilustración. L’Encyclopédie era un diccionario razonado de las ciencias, las artes, desde una óptica neutral y distante de cualquier dogma.

Existen, desde luego, numerosos pensadores ligados a la ilustración de los que, entre otros muchos, destacaríamos a David Hume, Immanuel Kant o Thomas Jefferson. En Francia Pierre Bayle y en Inglaterra John Locke. Todos fueron defensores de elaborar el pensamiento partiendo de la asociación de ideas, razonadas mediante la lógica. Diferentes concepciones, pero todas amparadas en la razón.

La Ilustración, según la respuesta de Kant, quedaría definida por una alteración en la relación que existe entre la autoridad, la voluntad y el uso de la razón.

Pero si algo hay que destacar de los librepensadores, ello se refiere a las relaciones Iglesia-Estado. Las consignas antidogmáticas vinieron acompañadas del ideal de la razón como única fuente de emancipación.

No se trata, entonces, de una libertad individual de pensamiento (afín a la libertad de conciencia), consiste en el pensamiento desde una concepción dentro de la dimensión universal del ser humano, y de un razonamiento independiente, libre e individual.

De lo antedicho, merece especial atención el autoanálisis y la reflexión individual, que nos conduce a los individuos a construir el paquete de ideas que sería el eje vertebrador de nuestra personalidad, un intento de conocerse a sí mismo y a la vez de comprender las concepciones de pensamiento que sustentan a la sociedad, siempre partiendo de la razón y apartándose de cualquier concepción ya explicitada, sino basada en su propio criterio y discernimiento.

La compresión de sí mismo y la aceptación del otro, aún desde la discrepancia, conducen a la fraternidad creadora, amparada en la igualdad y en el marco de una libertad propia que respeta la libertad de los demás.

Giuseppe Berto: Desolación penetrante y amarga

… y todo
es lo mismo y no es lo mismo

Juan Ramón Jiménez

Me interesa cada vez más la literatura italiana. El hecho de haber vivido décadas, por no decir siglos, al margen de las corrientes europeas nos ha privado de conocer mejor algunos intelectuales y literatos, sencillamente imprescindibles para interpretar mejor los últimos años del siglo XX y lo que llevamos del XXI. En el caso de Italia esto es paradigmático.

Giuseppe Berto (1914–1978) no es un escritor ni fácil, ni amable. Su literatura es crítica, desasosegante y profunda. Puede decirse que fue un verso suelto, no perteneció a ninguna corriente ni grupo de presión. Sus novelas tienen el sello innegable de una búsqueda incesante de lo auténtico en las profundidades del ser humano. En esta colaboración para la revista Entreletras, pretendo enfrentarme a una novela tan difícil, enrevesada y laberíntica como Il male oscuro.

Al finalizar la segunda Guerra Civil europea y tras unos años de optimismo e incluso de euforia… el clima intelectual y cultural europeo se fue tornando inquietante, sombrío y, desde luego, pesimista.

Quienes creyeron que tras unas décadas de progreso material… íbamos a mejorar como seres sociales y solidarios, se equivocaron de plano. Muy al contrario, aparecieron aquí y allá, los primeros síntomas causados por las heridas mal cicatrizadas y… quienes se dedicaron a pensar y a analizar lo que venía, hubieron de reconocer que… las viejas pesadillas no estaban conjuradas y que lejos de irse definitivamente, permanecían agazapadas… al acecho.

Pronto surgieron quienes pretendían echar el freno de mano al tren de la historia. Quizás por eso, la literatura dejó de mirar hacia fuera para ‘bucear hacia dentro’ y escudriñar los golpes fríos con sus efectos inflexibles, que lejos de estar resueltos se hallaban profundamente arraigados bajo capas de indiferencia aparentemente despreocupadas, aunque progresivamente individualistas, insolidarias y consumistas.

Colectivamente somos el resultado de un fracaso. Algunos intelectuales y creadores se construyeron a sí mismos contra las cuerdas. Los hay que escribieron, hicieron cine y se comportaron como ‘cazadores furtivos’, entendiendo que la vida es un camino con más dudas que certezas. No obstante, se fue imponiendo lo más frívolo.

La inercia fue asfixiando los intentos críticos de libertad y cada vez se fue extendiendo más y más el miedo, siempre paralizante y reaccionario. Europa –y muy especialmente Italia- aceptaron, como si fuera inevitable, el conformismo.

Los creadores, íntegros y de una pieza como Giuseppe Berto, siguieron un ‘modus operandi’ que les fue empujando a la soledad y al ostracismo. Consistía éste en observar, investigar y relatar con pocas, muy pocas, concesiones. Conectaron así con quienes se atrevieron, desde finales del XIX, a analizar y diagnosticar lo que podía esperarse y por donde ‘flaqueaba’ la burguesía europea.

Dos Guerras Civiles europeas casi consecutivas, dejan una profunda huella, dolor y un vacio que no es fácil superar. Los enfrentamientos –lo sabemos por experiencia- no los gana nadie, muy al contrario, todos pierden. Giuseppe Berto lo comprobó fehacientemente.

Hay quienes encuentran de una manera natural y relativamente fácil su lugar en el mundo. No es el caso de Berto. Sus experiencias de la Segunda Guerra Mundial fueron duras, crueles y le hicieron replegarse, aún más, en sí mismo.

Probó a dar clases e intentó salir adelante en diversos trabajos, con escaso éxito. En la Segunda Guerra Mundial fue hecho prisionero en el norte de África, yendo a parar a un campo de concentración en Hereford (Texas). En su forzosa estancia en Estados Unidos, se sintió fascinado por John Steinbeck y, de cierta manera, por algunas historias de Ernest Hemingway.

De pocos escritores se puede afirmar con tanta propiedad que fue un solitario empedernido, un verso suelto. Algunos críticos, que quizás no hayan profundizado demasiado en su literatura, lo adscriben al ‘movimiento neo-realista’, mas aunque utiliza alguno de sus rasgos, no se le puede encasillar, sin más, en esta tendencia.

Puede decirse que tuvo simpatías por el fascismo y se desengañó, puede decirse que simpatizó con el marxismo y, que algunos de sus textos son reivindicativos y de contenido social. En realidad, estaba al tanto de todo lo que flotaba en el ambiente, pero no se identificaba con nada. Durante años padeció una neurosis de angustia que le hizo volcarse hacia dentro y practicar una especie de ‘psicologismo’ donde es frecuente, la ironía y convive la amargura con un trasfondo humorístico.

Los contactos entre el mundo literario y cinematográfico, en esos años eran muy frecuentes en Italia. Hizo periodismo y escribió guiones cinematográficos –a veces basados en sus propias novelas-. Me parece un detalle digno de ser tenido en cuenta, su interés por el psicoanálisis, que no solo le ayudó a enfrentarse con éxito y superar, hasta cierto punto sus depresiones, sino que tuvo una honda influencia en su escritura.

Quiero centrarme ahora para ir al grano, en el año 1964, en el que publica no sin vencer muchas dificultades, Il male oscuro. Desde mi punto de vista, su obra emblemática, aunque difícil y que necesita una cierta hermenéutica para disfrutarla en toda su riqueza y en sus diversos aspectos, algunos de ellos laberínticos y otros instalados en lo hondo del subconsciente.

Como ha sucedido innumerables veces a lo largo de la historia de la literatura, Il male oscuro, fue rechazada por diversas editoriales. Cuando vio la luz, sin embargo, no es exagerado afirmar que fue una auténtica conmoción con pocos precedentes. Sin ir más lejos, obtuvo en pocas semanas, dos de los premios de mayor calado y prestigio de las letras italianas. Me refiero al Viareggio  y al Campiello.

¿Es una novela autobiográfica? sin la menor duda, pero es mucho más. Es una introspección psicoanalítica en busca de las raíces de su sufrimiento. Es experimental e innovadora.

En un año tan decisivo para el futuro de Europa como 1989, fue llevada al cine por Mario Monicelli, con guión del propio Giuseppe Berto. Antes de seguir estas reflexiones, me gustaría señalar que una película que alcanzó un éxito notable, Anónimo Veneciano, dirigida por Enrico María Salerno, también contó con un guión de Berto. Una de sus primeras novelas Il cielo è rosso, fue llevada al cine, dirigida por Claudio Gora, con guión una vez más del propio Berto.

Pasemos ahora a realizar unas valoraciones críticas sobre esta novela que, aunque en España no sea muy conocida, es adictiva, inquietante, perturbadora y, desde luego, nada convencional. Quizás ahora, sea el momento oportuno de prestarle la atención que no tuvo en nuestro país, cuando fue publicada.

Los miedos, cuando están muy arraigados, alienan, enajenan a los creadores, más también, les dan fuerza para exorcizarlos y convertirlos en páginas literarias sinceras y de incuestionable valor.

La buena literatura, en modo alguno es infrecuente que esté escrita con rabia, dolor y sangre. A los creadores independientes y originales es imposible clasificarlos y menos aún, obligarles a que transiten por los terrenos trillados que exigen quienes se erigen en centinelas del saber en cada momento. Puede afirmarse, con pocas dudas, que Giuseppe Berto fue un creador irreductible y hermético.

Como el escritor introspectivo e inteligente que era, supo decodificar lo que tenía delante y adoptar una crítica social que también, conectaba con el neo-realismo italiano e incluso con determinados aspectos del materialismo dialéctico, aspecto éste menos conocido. Bebió de ‘muchas fuentes’, de Antonio Gramsci, de Galvano della Volpe, si bien, con reservas. Es también, reseñable que en sus páginas se advierte, de cuando en cuando, nada más y nada menos, que la influencia desprejuiciada y comprometida de Umberto Ecco.

Siguió una trayectoria original, un tanto zigzagueante y llena de vericuetos y recovecos. Sus coetáneos, como no podía ser de otra forma, le influyeron. Pensemos en Giorgio Bassani o en Italo Calvino, mención aparte merece Pier Paolo Pasolini, con quien compartió su pasión cinematográfica, su sentido crítico de la sociedad del presente en Italia y la conciencia de la deriva uniformadora, alienante y consumista que amenazaba a la cultura.

Es un escritor meticuloso. Sus páginas van dando cuenta lentamente, de su complejo mundo interior. Sus relatos están llenos de cavilaciones. Su mundo es como una ciudad en ruinas evacuada después de un bombardeo. Como escribió Cervantes, podría decirse que ‘ve las cosas debajo de la tierra’. Sus obras tienen mucho de encrucijada. No es nada fácil desentrañar sus monólogos… es más, parece una esfinge. Europa se va tornando progresivamente más insegura.

Freud, sin aparecer nunca en la trama, es un personaje importante de la novela. Freudiana es la introspección y freudiano es el afán de comprender y de interpretar. ¡El mal oscuro, que bien define el título, la perturbadora sensación de vacío!

En la novela, si es que de una novela se trata, hay una inmensa sensación de frustración expresada con la inteligente pericia de quien siempre está alerta. Escribir esta obra en cierto modo fue una catarsis. El propio Giuseppe Berto reconocería en una entrevista, que rompió con ella toda vinculación con su obra anterior. Puede que sea exagerado mas son sus propias palabras.

¿Qué destaca en Il male oscuro? la forma de aprehender y de traspasar la realidad con el pensamiento. Giuseppe Berto toma conciencia de sí mismo y logra una interpretación veraz de la existencia, que como sucede en algunas obras literarias, de tarde en tarde, viene a ser también una radiografía y hasta una metonimia de unos años difíciles.

El autor, hay momentos en que se desnuda ante el lector. Es más, podemos rastrear traumas no resueltos como el complejo de Edipo. La relación con su padre siempre fue difícil, pero más tarde o más temprano, era necesario afrontarla.

Desde luego merece la pena bucear, seguir aunque sea a trompicones el larguísimo monólogo interior que tiene no poco de liberador, desde el momento en que acepta que está atrapado y que solo puede salir indemne enfrentándose a los monstruos interiores que llevan años acosándolo… persiguiéndolo.

Se manifiesta nítidamente una sensación insoportable de soledad, más es apasionante su forma peculiar de entenderla… y expresarla. Creo que no es posible decodificar lo que oculta si no se echa mano del psicoanálisis.

Sus propuestas son obscuras y hasta tenebrosas. Cuando viaja a Sicilia en busca de su hija, toma la decisión de quemar las páginas de su autobiografía… mas no lo hace, de hecho es el relato que el lector ha leído, no hace mucho y donde sus recuerdos reprimidos, como la lava de un volcán, salen a la superficie.

Su estrategia comunicativa tiene algo de enfermizo, hasta de perverso. Quizás por eso, es un espejo de la volatilidad,,-de lo liquido diríamos hoy-, y poco consistente de la Italia y de la Europa de su tiempo, que empiezan a mostrar las grietas que con el paso de los años se irán ensanchando y profundizando.

‘La falsa templanza’ no es sino otro disfraz para encubrir el mal que se avecina. Los lobos con piel de cordero van socavando los puentes solidarios y lo que queda de humanismo en el pensamiento.

No es, ni mucho menos negativo, predecir las catástrofes que asoman por el horizonte. La realidad se va manchando progresivamente de dicotomías tramposas, que cada día que pasa incrementan la alienación, el servilismo y la indiferencia. Giuseppe Berto no es un profeta pero sí un intelectual honesto que se atreve a exponer los problemas de la mala conciencia…  la falsa conciencia de una época. Otro aspecto por el que merece la pena adentrarse en su literatura es su convencimiento de que hay que repartir los sacrificios.

La superficialidad es una mancha de aceite que se extiende. Advierte con lucidez que la ‘naturaleza trilera y ventajista’ está a punto de cerrar un círculo en el que se asfixian los compromisos morales. Quizás por eso, la memoria tiene una capacidad reparadora tan grande… hemos de aferrarnos a ella, pues quizás es  uno de nuestros últimos asideros.

Le asquea que cada vez un mayor número de ciudadanos europeos se sienten indiferentes a todo lo que les rodea, sin darse cuenta de que están levantando los muros de un destino trágico del que no tardarán en ser ellos mismos víctimas.

Todo cuanto hemos venido exponiendo, lo fue convirtiendo en un desarraigado, un controvertido intelectual y un escritor al que no es posible calificar, ya que escapa a todo intento de taxonomización. La derecha lo considera un izquierdista, los marxistas un fascista y los fascistas lo califican de traidor. Probablemente, ninguno acierta. Para aproximarse a su figura conviene hacerlo a través de un prisma que nos muestra a un ser desvalido,  roto por dentro y con unos planteamientos en cierto modo libertarios.

Tan vilipendiado, tan menospreciado, tan traído y tan llevado de acá para allá, no puede extrañarnos que su última novela, que titula La Gloria, sea un intento de rehabilitación de un ‘apestado’ como Judas Iscariote. Como ocurre con otras obras suyas, tiene mucho de auto-explicación y de autobiografía.

Es un escritor cuyas páginas nos son muy útiles para vivir en esta Europa un tanto desnortada y sin capacidad de respuesta a los problemas que nos abruman y que nos sumen en un clima de desconcierto.

Es evidente que Il male oscuro, es su obra emblemática, mas creo que quien no quiera adentrarse en esta novela psicoanalítica y fruto de una neurosis profunda, puede entrar en contacto con su literatura con obras menos angustiosas y desasosegantes, tal es el caso de Il cielo è rosso  o Il brigante, si bien tropezamos con los problemas habituales, alguna está descatalogada y alguna otra no está traducida al castellano.

Estoy convencido de que tras la Segunda Guerra Mundial, surge una pléyade de creadores e intelectuales italianos, sobre los que merece la pena meditar, valorar sus hallazgos y repensar sus propuestas. ¡Son tan actuales algunas de ellas!

Giuseppe Berto es uno de ellos… y más, cuando hace años que nadie lo reivindica.

Análisis y reflexión en nuestra última Cena – Debate del 3 de junio

En la pasada noche del viernes tuvo lugar otras de las Cenas Debate del Club de Opinión Liber Cogitatio, para la reflexión y el análisis, impulsado desde Castell-Platja D´Aro i S’Agaró por un grupo de ciudadanos del Empordà con la pretensión de abrir un espacio de enriquecimiento cultural enmarcado en el librepensamiento.

En esta ocasión el ponente invitado fue el prestigioso economista Joan Tugores, ex Rector de la Universidad de Barcelona y uno de los mayores expertos en economía internacional.

Tugores, puso de manifiesto que cuando parecía que se superaba el shock histórico de la pandemia, y la crisis desencadenada por la tragedia sanitaria a nivel global, la invasión de Ucrania ha generado nuevas e importantes tensiones en los escenarios geopolíticos europeos, que están teniendo una repercusión a nivel mundial.

La guerra en Ucrania esta originando nuevas fricciones, como la revisión a la baja del crecimiento y al alza de la inflación, que acentúa nuevas pulsiones “desglobalizadoras”, de la slowbalization a riesgos de fragmentaciones.

 Y por otro lado hay que añadir la estrategia de China que pretende ascender por la vía del comercio, como primera potencia exportadora, también de las finanzas, así como la pretensión de reforzar su papel como potencia  tecnológica, esto es observable en el Plan China 2025, de liderazgo en sectores claves, en el control de materias primas.

El profesor Tugores, citando a Jean Monnet reflexionó respecto a la integración europea cuando decía que «Europa se forjará en las crisis» y lo que finalmente sea Europa será el resultado de las respuestas a sucesivas crisis

Extrapolable a todas las escalas, nacionales y globales: el futuro no está escrito, afirmó, dependerá de cómo lo conformamos con nuestras respuestas a momentos críticos; esperamos que sea con lucidez y sensatez.

Un nutrido público, celebró sin fisuras y contribuyó con enriquecedor debate a la ponencia y al análisis llevado a cabo. Al finalizar el acto el presidente del Club, el Profesor Andrés Cascio, manifestó la voluntad de continuar trabajando en este espacio de enriquecimiento cultural, como un necesario aporte al desarrollo humano en el Ampurdán.

Presentación: https://clublibercogitatio.com/wp-content/uploads/2022/06/estanfl-desglob-3juny2022-rev.pptx

El reto de la igualdad como principio ideológico

El primer individuo al que, tras haber cercado un terreno, se le ocurrió decir “esto es mío y encontró gentes lo bastante simples como para hacerle caso, fue el verdadero fundador de la sociedad civil. Cuantos crímenes, guerras, asesinatos, cuántas miserias y horrores no le hubieran ahorrado al género humano el que, arrancando las estacas o cegando el foso, hubiera gritado a sus semejantes: “Guardaos de escuchar a este impostor; estáis perdidos si olvidáis que las frutas a todos pertenecen y que la tierra no es de nadie….”

Jean-Jacques Rousseau. El contrato social. 1762

El ser humano era libre, hasta que se rompe el encantado natural de estar integrado en la naturaleza, hasta el momento en que el sentido de la propiedad, “esto es mío”, “que hay de lo mío”, introduce el modelo de desigualdad moral, socialmente vinculada mediante un contrato y se aleja de la razón de la naturaleza misma.
Ensayo filosófico de Jean-Jacques Rousseau, cuyo título completo es el Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres (1755).

La igualdad natural es propia de todo el género humano por naturaleza, es decir, desde el comienzo, con 30 días de vida nacido de parto normal o por el milagro del bisturí y ningún hombre o mujer puede tener más derechos que otros, ni tampoco menos, todos deberíamos ser igualmente libres. Lo que implica que, sin igualdad, no hay libertad.

La igualdad a lo largo de los tiempos, afirma Thomas Piketty, es fruto de luchas y rebeliones contra la injusticia, y resultado de un proceso de aprendizaje de normas, usos y costumbres, sistemas legales, sociales, y sobre todo educativos que bien articulados constituyen la supuesta base igualitaria de la sociedad en la que vivimos.

Pero no es así, este proceso se ve debilitado por la amnesia histórica, y porque tras las vivencias cotidianas, no es fácil comprobar, como el equilibrio es mucho más que frágil y la desigualdad es el signo característico de las sociedades organizadas en la actualidad, desde las sociedades primarias hasta las más complejas.

La consigna marxista, (programa de Gotha, 1875) de “a cada uno según sus necesidades y a cada uno según sus capacidades”, (aunque también encontramos el concepto en la parábola de los talentos en el evangelio de San Mateo), obedece a un principio idealizado del bien común. La sociedad acepta solamente y presuntamente la igualdad ante la ley y mantiene intactos los mecanismos de explotación del hombre por el hombre, o mejor aún, permite que algunos colectivos humanos, que, alegando su derecho de preservación, explota a otros colectivos, es decir naciones contra naciones, estados que explotan a otros estados, corporaciones que explotan a sus recursos humanos, etc.

Así es como se perfilan las naciones del primer o el tercer mundo, continentes de primera como Europa o continentes de la trastienda de la humanidad como África.

La pobreza, la marginación, la miseria y las desigualdades sociales no son algo históricamente superado. De los 5.660 millones de humanos que pueblan la tierra, sólo 1.200 millones viven en el primer mundo desarrollado; el resto lo hace en países del Tercer Mundo, subdesarrollado y algunos incluso pueblan los países del infradesarrollo.

Pero tratar la igualdad, exclusivamente desde el punto de vista de la posesión de medios y bienes, del reparto de la riqueza o aún más de los derechos jurídicos, tal vez resulte demasiado simplista y es por ello por lo que el tratamiento de la desigualdad no puede ser abordado solo en un aspecto, el de la servidumbre o todo aquello que es atinente a las políticas capitalistas o regímenes que regulan las posesiones materiales e incluso intelectuales. Hay que analizar también, la igualdad debido a culturas y/o de etnias, la igualdad de género, la igualdad de oportunidades, y en especial aquellas que puedan conducir a la adquisición de conocimiento y al destierro de la ignorancia, la igualdad en definitiva en relación con la dignidad y en consonancia con la libertad de pensamiento.

Pero analicemos la igualdad desde otra perspectiva, ¿es posible alcanzar culturas igualitarias?; En los últimos años, varios antropólogos han llamado la atención sobre lo que llaman “sociedades igualitarias”, algunas de las cuales han investigado directamente a través del método de observación participativa.

Estas sociedades se encuentran en diferentes partes del mundo, por lo general en nichos ecológicos aislados, e incluyen a los Hadza de Tanzania, los Mbuti del Zaire, los Bushmen Kung de Botswana y Namibia, y los Negritos Batek de Malasia.

No hay desigualdades claras de riqueza, poder o estatus entre ellos; además, no son’ igualitarios’ por defecto, sino que enfatizan conscientemente el valor de la igualdad y la practican activamente [i]

En Tehuantepec, (región ubicada en el estado mexicano de Oaxaca) o en los kunas de Panamá, constituyen sociedades en donde, no es que haya un predominio y un poder mayor de las mujeres, sino que son culturas con unos valores hegemónicos cuya consecuencia es la presencia de mayor igualdad social e igualdad de género (Gómez, 2008, 2009, 2010, 2011). Águeda Gómez Suárez∗ Universidad de Vigo (España).

Por consiguiente, al menos en la experimentación de laboratorio, si es posible. ¿Dónde se encuentra entonces, la base para alcanzar la igualdad?

Spinoza, en su libro sobre Ética, propone que tanto hombres como mujeres deben aspirar a la verdadera esencia de la igualdad que conduce a la libertad, buscándola en la libertad interior. La clave propuesta no solo por Spinoza, sino también por Thomas Hobbes, la base para alcanzar paulatinamente esa condición de igualdad estriba en el papel fundamental de la educación.

Estatura de Spinoza

Por otra parte, Nietzsche, afirma que ni existe la igualdad, ni la queremos y es posible que tenga razón, pero ello es culpa de la educación recibida, el adoctrinamiento y condicionamiento en el pensar, sobre todo por los progenitores, artífices de la educación esencial. Por consiguiente, lo que existe efectivamente es que los seres humanos, al menos hasta el día de hoy, es que somos desiguales.

Sin embargo, aún existe otro factor para tener en cuenta y es la necesaria capacidad de comprender a los otros desde la discrepancia que resulta imprescindible desarrollar, para afianzar una sociedad igualitaria.

La diferencia en el paquete de ideas, usos y costumbres, que cada ser humano posee y que ha ido acumulando mediante imputs y conocimientos adquiridos, según determinadas circunstancias a lo largo de la vida y que mediante la educación y la socialización, han configurado una determinada forma de ser y de pensar, (es lo que hemos dado en llamar personalidad) y eso hace que en la práctica sea muy difícil encontrar dos seres humanos con un comportamiento y un pensamiento idéntico, por tanto en este sentido no todos somos iguales y por consiguiente constituye un requisito básico, el respeto y la comprensión desde la diferencia.

La globalización que sobrevino a la caída del régimen soviético y que implicó en la práctica la hibernación casi permanente de la propuesta comunista, (al menos de momento) trajo aparejado un crecimiento económico de la producción, sumado a una difusión de los conocimientos y a un aumento desregulado de la comunicación, con el empleo de las nuevas tecnologías de la información; pero sin embargo se han mantenido intactas las estructuras profundas del capitalismo y su importancia macroeconómica, esta situación se vio aún más agravada por la gran crisis del año 2008, que hizo tambalear las estructuras del sistema y que de alguna manera indujo, aunque débilmente, a repensar el capitalismo neo liberal. Pero habría que añadir, que la globalización nunca alcanzó a las personas, no ha existido nunca una globalización social, se quedó en una mera mundialización de la economía. ¿Existió en realidad alguna transformación con la globalización?

Algunos pensadores de este siglo se plantean dicho análisis y se expresan: “Ahora tenemos que estudiar qué sucede con la desigualdad en la distribución de los ingresos y de las riquezas: ¿en qué medida las estructuras de la desigualdad, con respecto al trabajo y al capital, se transformaron realmente desde el siglo XXI?. Thomas Piketty [ii]

Los diferentes fenómenos que se han venido sucediendo en el primer cuarto de este siglo XXI; Pandemia Covid19, explosión del Yihadismo, guerras constantes en una intolerable y lamentablemente enorme extensión geográfica, en una multitud de estados africanos y también en los países de cercano oriente, desde Yemen a Irak, de Siria a Palestina y las conflagraciones bélicas en territorios del Mar Negro, entre la Federación Rusa y Georgia, Ucrania, etc. por el control del Mar Negro, han provocado un aumento de la desigualdad, especialmente en determinados espacios geopolíticos y al mismo tiempo, se suman incrementadas las desigualdades étnicas impulsadas por la nueva ultraderecha, herederas de los viejos fascismos del siglo XX, convertidos hoy en ultranacionalismos populistas y en muchos casos con una marcada autocracia.

La desigualdad por razón de sexo, raza y pobreza (distribución desigual de ingresos y riqueza), no sólo no tienden a desaparecer, sino que se afianzan en distintas zonas del mundo, a lo que habría que agregar los fundamentalismos religiosos y la enormemente deficiente educación en la mayor parte del mundo.

Thomas Piketty

Si atendemos a que no puede haber una verdadera libertad si no existe la igualdad y a lo expresado anteriormente, podemos deducir que el gran reto para una política de progreso en lo que queda de siglo, lo encontraremos en un sistema que albergue los mecanismos necesarios para erradicar la desigualdad y la principal herramienta para alcanzarlo, está sin ninguna duda, en una mejora de la educación a nivel global, pero no estoy hablando solamente de la escolarización, sino más bien de la educación esencial, que se da en el seno de la familia, de la educación desde los entornos de socialización y es allí donde nos encontramos también con algunas herramientas fundamentales que deberían ser objeto de debate para su transformación, y con ello me refiero a los medios de comunicación de masas y a aquellos medios facilitadores de información y “formación inducida” que se distribuyen a través de las nuevas tecnologías de la comunicación.

Pues, así como el ser humano cuando
alcanza su perfección es el mejor de los
animales, así también, fuera de la ley y la
justicia es el peor de todos.


Aristóteles.

La pobreza y la ignorancia siempre han degradado la condición humana y por consiguiente el concepto de justicia, también va estrechamente asociado al concepto de igualdad, otra cosa es, si es posible o no, alcanzar una sociedad verdaderamente igualitaria.

Los estudios empíricos del último siglo han especulado sobre la existencia y las perspectivas de igualdad en las sociedades pasadas y futuras.  Aquí encontramos una división de opiniones, algunos sociólogos, pensadores y científicos han argumentado que la desigualdad es una característica inherente de todas las sociedades, el ser humano es envidioso y celotípico por naturaleza; mientras que otros han sostenido que las sociedades igualitarias han existido en el pasado, incluso en épocas “prealfabetas” y por tanto pueden existir en el futuro y, es más, pueden ser el eje orientativo de una nueva política socialista en el futuro. Una política para alcanzar sociedades fraternalmente estructuradas y basadas en los principios de igualdad y libertad. En este punto acuden a mi mente los pensamientos vertebradores que alumbraron la revolución francesa y que aún, 233 años más tarde, no hemos conseguido materializarlos.

Claro está que los seres humanos son diferentes, dependiendo del desarrollo de sus habilidades, de su talento o capacidades, y  también desde la perspectiva emocional y del desarrollo evolutivo de cada persona y en definitiva por la construcción harmónica o desharmónica de su personalidad, pero estas características deberían ser los únicos patrones de medida; es necesario destacar, que ninguno de ellos obedece a una razón étnica, de diferenciación sexual y mucho menos marcado por la diferencia de ingresos o de posesión de riqueza y ni tan siquiera dogmática.

“Existe un concepto globalizable de justicia a pesar de las diferencias culturales. Este concepto se basa en la igualdad con miras al establecimiento de un orden jurídico global democrático” que más allá de cualquier frontera física, geográfica o mental, “garantice la administración de la justicia al interior de y entre los Estados”. [iii] El objetivo es establecer una igualdad que garantice la ausencia de cualquier tipo de discriminación y por supuesto que sea equitativa. (El concepto de equidad lleva implícita una idea de justicia en relación con una situación deseable).

Notas
[i] (Woodburn 1982:931-2).
[ii] Thomas Piketty, El Capital del Siglo XXI. Fondo de Cultura Económica.2015
[iii] Por: Otfried Höffe Centro de Investigación Politische Philosophie Seminario de Filosofía de la Universidad de Tubinga Tubinga, Alemania sekretariat.hoeffe@uni-tuebingen.

Almudena Grandes: el poderoso influjo de Galdós

Si vas deprisa, el río se apresura.
Si vas despacio, el agua se remansa.

Ángel González

Me gusta lo que escribe y como lo escribe. Carga sobre sus hombros una tarea encomiable y necesaria. Ha sido ninguneada y menospreciada por algunos miserables, pero ha obtenido algo que es enormemente difícil de alcanzar, estar en el corazón de los lectores.

Fue galdosiana y galdosista. Quienes no aprecian la literatura de Benito Pérez Galdós, con frecuencia son elitistas que pretendiendo marcar una distancia, ponen de manifiesto su narcisismo y soberbia. Por eso, escriben para ser entendidos solo por quienes pertenecen a círculos que se pretenden privilegiados.

Ser galdosiano, sentir a Galdós es algo de mayor calado que tener conocimiento sobre su figura y sobre su literatura. Supone adoptar una posición sobre la sociedad y sobre el adonde nos encaminados y, también, considerar a don Benito un guía espiritual, alguien que nos va marcando el camino a seguir.

Me propongo en este breve ensayo exponer las razones por las que Almudena Grandes era ante todo y sobre todo, galdosiana de los pies a la cabeza. Nunca se sentirá a don Benito como algo próximo si no se participa de su fuego prometeico y de su afán redentor. Quienes siguen sus pasos admiran su afán reformista, su tolerancia, su laicismo y su ‘batallar’ sostenido en el tiempo contra la España inmovilista anclada en el pasado y reacia a cualquier cambio.

Almudena Grandes ‘capta al vuelo’ los mensajes galdosianos. Por eso, la huella del novelista decimonónico es sencillamente decisiva. De él sabe extraer lo que pervive de la memoria colectiva y transmitirlo para que se mantenga vivo.

Sus relatos actualizan y evitan que caigan en el olvido unos años oprobiosos, una España negra y un afán mendaz por parte de quienes obtuvieron privilegios de la dictadura y se apresuran a pasar página de forma oportunista… a fin de que, quienes no vivieron esa época, desconozcan y no tengan interés alguno en conocer todo el horror y la violencia de lo que sucedía, quizás porque por acción u omisión fueron cooperadores necesarios.

Empatiza con los ‘perdedores’ y nos describe como tuvieron que pagar un precio muy alto de sangre y dolor al finalizar la Guerra Civil.

Comenzaron por llamarla cruzada. La postguerra parecía que no iba a terminar nunca. Se caracterizaba por la represión más sanguinaria y el implacable propósito de extirpar el menor atisbo de resistencia.

Almudena Grandes siente un rechazo no sólo político sino moral hacia Franco y lo que significó su régimen dictatorial y opresivo. ¡Cuánta soberbia e ignorancia acompañó además el miedo, el nacional catolicismo y el hambre… mas al mismo tiempo, aunque ocultos y en silencio, empezaba a mostrarse la inquebrantable voluntad de los perdedores de no doblegarse y de luchar pensando que habría un mañana democrático!

Almudena leyó a Galdós con pasión, entusiasmo y, desde luego, con complicidad. Por eso, fue mucho más que una epígona galdosiana. Una mujer valiente que entendió que la España de ‘aquí y ahora’ tenía no pocas similitudes con la de don Benito, tal vez porque éste fue un adelantado a su tiempo, tal vez porque la inercia, el atraso, el fanatismo y el oscurantismo pervivieron durante mucho tiempo. Por eso, no es casual sino causal que considerara un deber continuar la tarea de conciliación, de modernización y de regeneración moral que llevó a cabo, sobre todo, en los Episodios Nacionales.

Con sensibilidad y una actitud humanista comparte el sufrimiento y el dolor de los vencidos . “Los Episodios de una Guerra Interminable” están destinados a narrar el heroísmo de unos seres anónimos que tienen un valor simbólico. Son los amantes de la libertad, supervivientes a la violencia de la bota de la opresión y logran salir adelante pese al odio de los verdugos, a la complicidad de la Iglesia y a la arbitrariedad y sumisión de los jueces; es más, lo logran con inteligencia, perseverancia y astucia.

Almudena es una intelectual comprometida que fustiga el inmovilismo, la explotación, el atraso y añora un futuro donde el laicismo y el respeto a los valores republicanos sean el firme baluarte de una sociedad más democrática.

No duda, al igual que don Benito, en hacer pedagogía social. Frente a tanto aislamiento y tanto oscurantismo, cree firmemente en las ventajas de un sólido espíritu europeísta tras una larga etapa de enclaustramiento y de persecución de las ideas democráticas.

¿Qué pretende? que recordemos de dónde venimos, hacernos conscientes del letargo en que hemos estado sumidos y que el ejemplo de quienes han luchado por la democracia y la libertad nos ayude a ser consecuentes y a seguir la tarea que ellos comenzaron.

En Los Episodios de una Guerra Interminable late una clara conciencia de que luchar por la democratización del país era inseparable de contribuir a su modernización, lo que obviamente es muy galdosiano.

Benito Pérez Galdós dejó sobradas muestras de feminismo en sus obras. Almudena Grandes ‘capta al vuelo’ su protofeminismo y su dignificación de la mujer. Algunos de sus personajes siguen la senda rebelde y opuesta a los convencionalismos de Tristana o de Fortunata. Repárese en el hecho de la importancia de las mujeres en estos Episodios de Almudena Grandes.

Es sencillamente conmovedor el valor que da a la educación y a la cultura como instrumentos para lograr una sociedad más justa y más compacta, donde la virtud y el mérito sustituyan a la vulgaridad de una sociedad inculta y ociosa a la que la dictadura y la iglesia procuraban mantener en la ignorancia y en la sumisión.

Más que probablemente, Galdós es el mejor novelista español después de Cervantes. Almudena Grandes sigue la senda de don Benito mezclando personajes reales con otros de ficción. Consigue efectos relevantes describiendo con crudeza la España de aquella postguerra interminable.

En ellos discurre el río de la vida… el río de la historia. Aquellas aguas, que como apostrofaba Heráclito, el Obscuro, no volverán. Aquellas aguas turbias pasaron. Constituyen un periodo tenebroso, mas nuestra obligación es dar cuenta de él. Almudena lo hace de forma profunda, admirable y certera.

¿Cuál es el hilo conductor y el leitmotiv de estas novelas? Mostrar con toda crudeza la durísima represión existente, mas demostrar que incluso en los peores momentos hubo una resistencia antifranquista.

Los Episodios de una Guerra Interminable estaba previsto que fueran seis. Otra curiosa coincidencia con los Episodios Nacionales de don Benito que tampoco pudo concluirlos. Ha escrito y publicado cinco y dejado bastante avanzado el sexto, “Mariano en el Bidasoa” que ojalá podamos ver pronto publicado, aunque como obra inconclusa. En él pensaba tratar algunos temas como ‘los topos’, aquellos combatientes republicanos y guerrilleros que permanecieron escondidos largo tiempo, así como la inmigración económica o la falaz interpretación triunfalista que se hizo de los Veinticinco años de paz, que no fueron sino una etapa de largo silencio impuesto.

De los otros cinco, iré realizando algunos comentarios porque tienen más unidad de la que parece y son mucho más que cinco momentos concretos de la lucha por la libertad.

Es lamentable el desconocimiento que sobre determinados hechos históricos existe entre nosotros. Así Inés y la alegría, está dedicado a glosar la invasión del Valle de Arán y las causas, cobardías y desafecciones que motivaron su fracaso.

Es más que interesante que los jóvenes se aproximen a ellos, libres de los prejuicios que se han inculcado a otras generaciones, para que los juzguen con serenidad y arrojen fuera de sí tantas tentaciones adanistas.

Sus páginas son conmovedoras, van dirigidos a lectoras y lectores que no han perdido la ilusión y la facultad de soñar y que rechazan y no se resignan a admitir cualquier tipo de silencio impuesto.

Almudena Grandes conocía bien y admiraba la poesía de Ángel González. En más de una ocasión solía repetir que “mañana es un mar hondo que hay que cruzar a nado”, me parece una idea de calado. El futuro hay que ganárselo. Nadie nos regala nada. Por eso, hay que saber desentrañar los hechos históricos para ponerse a salvo de tergiversaciones y de revisionismos interesados de nuestra historia reciente.

Es absolutamente lícito exponer, como ella hace, sus originales enfoques sobre esos años obscuros caracterizados por la degradación de la vida humana y por la imposición a sangre y fuego de la visión de los triunfadores.

En el segundo de estos episodios, El lector de Julio Verne trata, entre otras cosas, de las guerrillas que durante años operaron y se mostraron activas en diversas zonas y regiones de nuestro país, en este caso en Andalucía.

En Las tres bodas de Manolita, pone el dedo en la llaga en los fusilamientos, que tenían lugar a diario en los muros de los cementerios. Nos informa, con precisión, sobre cómo se construyó el Valle de los Caídos o cómo tuvo lugar el nacimiento de la resistencia clandestina que se fue extendiendo radialmente.

En Los pacientes del doctor García, describe otro episodio del que se tienen pocas noticias ya que se ha intentado borrarlo de la memoria. Me refiero, a la siniestra red encargada de propiciar la evasión hacia Sudamérica de jerarcas nazis que estaban de paso en España. Lógicamente, la dictadura franquista permitía, toleraba y alentaba sucesos como estos.

En el quinto y último publicado en vida de la autora, La Madre de Frankenstein, rastrea la historia de Aurora Rodríguez Carballeira, que asesinó a su hija Hildegart. Almudena Grandes describe implacablemente la vida degradada que tiene lugar en los manicomios como el de Ciempozuelos, reflejo de los múltiples atropellos que se podían observar a diario en cualquier ámbito.

Pone el dedo en la llaga hablando de retorcidos personajes, que aprovechan su poder para cometer tropelías como Antonio Vallejo Nájera, con su teoría de ‘el gen rojo’. Este emulo de degradantes prácticas nazis, operaba a los pacientes abriéndoles la cabeza para extirpárselo. Aparece, también, el robo de bebes, tras el fusilamiento de sus progenitores, para entregarlos a familias adictas al régimen.

En noviembre de 2021, Almudena Grandes se nos fue. Sin embargo, no creo exagerar al afirmar que es ya una autora clásica y de referencia. Lógicamente, los historiadores, sociólogos y otros científicos sociales han ido poniendo de relieve aspectos de la dictadura franquista, muchos de ellos, poco conocidos u olvidados. Almudena Grandes primero con El corazón helado y más tarde con Los Episodios de una Guerra Interminable, a través de personajes intrahistóricos nos ha hecho pensar, nos ha dotado de memoria y ha realizado un diagnóstico durísimo de lo que fue la dictadura.

El mejor homenaje que puede hacerse a un escritor o escritora es leer sus obras enmarcándolas, además, en las coordenadas históricas, culturales y sociales y descubriendo el sentido y finalidad que las alentaba. Este 23 de abril, Día del Libro, es una ocasión que viene como de molde, para como homenaje a Almudena Grandes leer o releer algunos de estos libros.

Cuando se pretenda estudiar, con rigor la dictadura franquista, especialmente entre el final de la Guerra Civil y mediados de los años sesenta, tienen un valor testimonial inapreciable, estas narraciones para entender cabalmente lo que pasó y para rendir un tributo de admiración hacia quienes con su lucha permitieron que el país fuera desprendiéndose de lacras y encaminándose hacia ideales democráticos de justicia.

Hay que valorar en ellos su humanidad, su prosa contundente y resolutiva y su objetividad. En Inés y la alegría, por ejemplo, analiza las razones por las que silenciaron los sucesos del Valle de Arán, tanto la dictadura como el Partido Comunista. Repárese, además, en el hecho de que Inés con su fuerza, con su determinación y su capacidad de resistencia es un personaje femenino nítidamente galdosiano.

El lector de Julio Verne junto a otros logros, es un proyecto que incide en cómo se puede descubrir una visión del mundo a través de la lectura. El personaje ‘Pepe, el Portugués’ es un modelo para ‘Nino’ el niño que empieza a vivir. Hay personajes –y esto también es muy galdosiano- que ayudan a descubrir y a hacer nuestras, verdades que nadie nos ha revelado.

Las tres bodas de Manolita es un relato a un tiempo desgarrador y tierno. Almudena combina, acertadamente, el narrador en tercera y primera persona. Recoge muy bien los ambientes como el del tablao flamenco, en cuyos sótanos se esconden perseguidos de la dictadura, así como las vicisitudes para hacerse con una multicopista o “vietnamita”, para dejar constancia de la resistencia y demostrar que pese a todo la lucha continua. En estos relatos describe muy bien algunos personajes torturadores y despreciables como el comisario, Roberto Conesa.

En otra de sus novelas, Los pacientes del doctor García, nos describe con precisión y emoción, como algunos republicanos se libraron del paredón, adoptando una identidad falsa. Nuevamente mezcla personajes reales con otros ficticios. En la red encargada de evadir jerarcas nazis, juega un destacado papel la fascista alemana y falangista española Clara Stauffer. Son de un enorme interés las páginas dedicadas a la Argentina de Domingo y Eva Perón, donde se pone de manifiesto la corrupción, el matonismo y la violencia que practicaban estos impúdicos, dictatoriales y populistas personajes. Sus páginas son estremecedoras y extraordinariamente vivas.

En la madre de Frankenstein, pone de manifiesto su hartazgo ante las tropelías impunes de tantos personajes sin escrúpulos. Además del repugnante Vallejo Nájera, también aparece el sibilino y ‘trepador’ López Ibor que tanto rédito sacó de su complicidad con la dictadura.

El interés y la fortaleza de ánimo de los personajes femeninos, es patente. No puede pasar desapercibida María Castejón, una Fortunata del siglo XX. Causa espanto y asco la situación y las continuas humillaciones que los enfermos mentales padecían en la España nacional católica. Resulta interesante constatar que algunas ideas ultras, que hoy vuelven a manifestarse, se ponían en práctica en aquellos años. López Ibor, sin ir más lejos, pretendía curar la homosexualidad mediante electro-shocks o lobotomías. Para comprender el poder y la falta de escrúpulos del nacional catolicismo, basta con atender a la figura del obispo de Madrid-Alcalá, Eijo Garay.

Leyendo Los Episodios de una Guerra Interminable, Almudena Grandes muestra a quien quiera entenderla, la realidad de esos años. No sólo fueron obscuros sino aterradores. Presta atención a la situación de las mujeres, a la clamorosa ausencia de derechos, a la dependencia del varón y a la explotación de que eran objeto.

Este breve ensayo va tocando a su fin. Me gustaría, no obstante, añadir a lo expuesto que al igual que don Benito, Almudena Grandes documenta muy bien los periodos en que sitúa la acción de sus novelas. Decimos esto, porque el lector o la lectora debe conocer, que por espantoso que sea lo que describe, es un fiel reflejo de una realidad mucho más inhóspita.

Por muchos motivos, considero que hay que leer, releer y colocar en el lugar que le corresponde, la literatura de denuncia, exaltación de la memoria y valoración de la tolerancia, la justicia y la libertad en un periodo donde casi todo estaba prohibido… y lo demás era obligatorio.

Se están realizando y van a realizarse diversos homenajes a Almudena Grandes que irán a más en los próximos meses. Me parece extraordinariamente justo. Dentro de poco se va a recordar su trayectoria en el Centro Social Covibar de Rivas Vaciamadrid y en la Fundación Progreso y Cultura de UGT. Agradezco, una vez más, a la revista digital Entreletras, que preste sus páginas para divulgar este emocionado recuerdo.

Primera Cena – Coloquio del Club, llevada acaba este pasado viernes 25 de marzo, con la particpacion como ponente del Catedrático de Filosofia de la Universidad de Barcelona y Senador Manuel Cruz

El filósofo y senador Manuel Cruz, ha participado como ponente en el debate inaugural del Club de Libre Pensamiento, Liber Cogitatio, que vio la luz, este viernes día 25 de marzo en Castell-Platja D´Aro (Girona), en el acto que fue presidido por el Alcalde del municipio Maurici Jiménez y el Presidente del Club, el Dr. Andrés Cascio, Cruz se refirió a las vicisitudes que atenaza a la democracia, que se ve amenazada por los autoritarismos de variado pelaje que azotan al mundo de hoy.

“Las decisiones que afectan a todos proceden en última instancia de la decisión del conjunto de los ciudadanos, ellos significa que les estamos atribuyendo a todos ellos el derecho a participar en ese proceso de toma de decisiones de manera igual y libre”, tal vez cabria la pregunta “¿y si el problema de la democracia fueran los ciudadanos?”.

“La concepción moderna de la utopía se levanta sobre las cenizas de la derrota de la primera, alimentando la expectativa de que el futuro es ese lugar donde todo puede llegar a ser de otra manera (la utopía es el porvenir que se esfuerza por nacer, afirmaba Víctor Hugo”, el desarrollo de estos contenidos se reflejan en la última obra de este catedrático de filosofía, que al tenor de unas sus recientes publicaciones es también, “Un transeúnte de la política”, son extractos de su último libro “La Democracia, La última Utopía”.

Un enriquecedor debate, contribuyó a dar luz a este nuevo espacio para la reflexión y el análisis y en una animada cena, se plantearon los retos actuales de la democracia, la globalización y las crisis geopolíticas que se ciernen sobre todos en este primer cuarto de siglo. La entrevista a Manuel Cruz, publicada por el diario El Clarín de Buenos Aires refleja la figura de Manuel Cruz y su pensamiento, puesto de manifiesto en la cena – debate que contó con la presencia de números invitados y socios.

https://www.clarin.com/revista-enie/manuel-cruz-logica-politica-logica-espectaculo-_0_phs8a1bwS.html

Hoy Cicerón

Hoy, 8 de marzo, la revista digital Entreletras, en su sección Ensayo, me ha publicado unas reflexiones sobre Cicerón, escritas por el ensayista y profesor de filosofía Antonio Chazarra, presidente de la sección Filosofía del Ateneo de Madrid; que creo pueden ser útiles en estos momentos de inestabilidad.

Pueden establecerse vínculos entre nuestro presente y nuestro pasado. Quizás, por eso, los hechos significativos, sus causas y efectos nos permiten conocernos a nosotros mismos, conocer la condición humana y sacar conclusiones de cuanto está pasando.

En este sentido, la figura de Marco Tulio Cicerón es paradigmática. Fue un hombre culto, extremadamente inteligente y que supo entender y apreciar, como pocos, la gravedad del periodo histórico en que le tocó vivir.

La República romana, con sus valores había llegado a un periodo en que la decadencia, las crisis, las ambiciones y el afán de poder estaban a punto de dar paso a un autoritarismo que se revistió de totalitarismo en más de una ocasión.

Cicerón supo apreciar ‘esos momentos’ previos al hundimiento. Sus obras están llenas de interesantes matices sobre el hombre, que le han llevado a que épocas posteriores como el Renacimiento o la Ilustración apreciaran sus planteamientos, su sutileza y su agudeza.

Por eso, en tiempos fronterizos y convulsos tiene sentido volver a figuras como Cicerón, releer sus obras puede hacer una lectura acertada y critica de cuanto está sucediendo.

El Club de Opinión Liber Cogitatio, se enmarca en el propósito de difundir el pensamiento libre y contribuir al desarrollo ciudadano y la convivencia dentro de los valores de libertad e igualdad buscando su origen en la Paideia griega, traducida por Marco Tulio Cicerón bajo el término Humanitas, buscan confrontar los distintos puntos de vista con el empleo de la ética y el respeto a la discrepancia.

El próximo 25 de marzo, tendrá lugar la primera cena – Coloquio del Club, después de una larga suspensión de la iniciativa a causa de la pandemia sufrida desde principios del 2020.

Quienes somos

Somos un grupo de ciudadanos/as cuya característica común es el pensamiento libre, reunidos para impulsar la reflexión en torno a los principios de igualdad, fraternidad, libertad, justicia social y desarrollo humano.

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